cristopescador
  ACTITUDES DE JESUCRISTO
 
LAS ACTITUDES DE JESÚS
Trabajo personal 
 
            Se invita a realizar la descripción personal de Jesús. ¿Quién es Jesús para mí?
Qué opinaría Jesús sobre las guerras, el dinero, los desocupados, los drogadictos, el SIDA, los políticos, el Vaticano, los jóvenes (nosotros).
            ¿Cómo te gustaría ser a tí? Da diez características en distintas áreas: inteligencia, trato con los demás, cualidades, relaciones con los problemas de la sociedad, etc.
CRISTOLÓGICA
 
            A cargo de algún especialista en el tema, Jesús es el Salvador, analiza: ¿De qué nos salva? ¿Cómo nos salva? ¿Por qué nos salva? ¿Para qué nos salva?
Citas biblicas
 
Reza al Padre                                             Mc 1,35; Mt 14,23
Daba confianza a los demás                  Mt 9,20-22; Mc 2,4
Protege a los débiles                                Mc 10,14
Atrae con su mensaje                              Mc 1,45; 2,1-2
Fiel a su misión                                          Fil. 2, 5-8; Jn 10,18
Opta por los necesitados                                    Mt 25,31-46
Perdona                                                      Mt 9,2
Amor a los enemigos                               Lc 6,27-36
Demuestra autoridad                              Mc 1,22; 1,25
Pone al hombre encima de la Ley        Mc 2,23-27
Se compadece del que sufre                 Mc 3,5; Mt 9,36
Sencillo y humilde de corazón              Mt 11,28-30
Se acerca a los pecadores                      Mc 2,15-17
Lloro la muerte de su amigo                  Jn 11,35
Denuncia todo lo que oprime al hombre      Mt 23,13-34
Proclama la fraternidad universal                   Jn 17,21-26
Eleva la dignidad de la persona                        Mt 5, 1-12 (Bienaventuranzas)
 
IMAGENES DE JESÚS
 
            Evidentemente nuestras imágenes y representaciones de Jesús no pueden abarcar todos aspectos de este Hijo del Padre que se hizo hombre como nosotros, que pasó haciendo el bien, cuyos dichos y hechos culminaron en la resurrección y fueron relatados por sus discípulos, Pero no por eso podemos parcializar ni su mensaje ni su persona. Y muchas veces lo hacemos al afirmar un aspecto, olvidándonos de otros. Muchas veces nos fabricamos un Jesús que es sólo Dios o que es sólo hombre, negando la real coexistencia de las dos dimensiones en la persona de Jesús: la humana y la divina. El único modo de ser discípulo del verdadero Jesús es a partir de la Palabra de Dios que nos llega a través de la Tradición y de la Sagrada Escritura; todo el contenido del Nuevo Testamento vivido e interpretado en la Iglesia es el fundamento sobre el cual se puede construir la adhesión al Hijo del Padre.
 
            La originalidad y la autenticidad de la espiritualidad cristiana consiste en que seguimos a un Dios que asumió la condición humana. Que tuvo una historia como la nuestra; que vivió nuestras experiencias: que hizo opciones; que se entregó a una causa por la cual sufrió, tuvo éxitos, alegrías y fracasos, por la cual entregó su vida. Ese hombre, Jesús, es el modelo único de nuestro seguimiento.
 
            Por eso el punto de arranque de nuestra espiritualidad cristiana es el encuentro con la humanidad de Jesús, con los rasgos de su personalidad y de su actuar. Él es el único camino que tenemos para conocer a Dios. No sabemos quién es Dios si no lo descubrimos a través de Jesús, tampoco sabemos realmente lo que es la oración, la pobreza, la fraternidad, sino a través de la manera como Jesús realizó estos valores. Jesús no es sólo un modelo de vida; es la raíz de los valores de la vida.
            Cada uno de nosotros tiene una imagen personal de Jesús, en la que entra nuestro propio modo de ser, nuestra propia psicología y las formas de nuestro egoísmo. Estamos siempre en peligro de deformar, según nuestros propios condicionamientos, la verdadera personalidad del Señor. Tendemos a hacer a Jesús a nuestra imagen y semejanza, a nuestra medida. A adaptar a nosotros el mensaje de la personalidad de Cristo. La única manera de escapar a esta permanente tentación es la vuelta permanente a la contemplación del Cristo de los Evangelios.
             
PERSONALIDAD DE JESÚS
            Dimensión religiosa de Jesús. Una persona profundamente ligada al Padre, en comunicación con El, dependiente de su voluntad. Un hombre que cultivó permanentemente esta intimidad, y cuya oración es un signo evidente de ello. En medio de su actividad, a menudo se retiró a orar, y pasaba noches en oración. Los momentos cruciales de su vida, y en los que fue particularmente tentado, estuvieron marcados por largos momentos de plegaria. Jesús estaba enteramente ligado al Padre. Esta entrega trasciende su propia situación personal o cultural Jesús oró como una necesidad de comunicarse con su Padre y de expresarle su amor. Esta comunicación con Dios es propia de la naturaleza humana más allá de las culturas y las épocas.
            Jesús como hombre de los hombres. Su vida contemplativa (que estuvo en el centro de su personalidad) no lo apartó ni lo hizo ajeno a los demás hombres, ni a los conflictos humanos, ni reemplazó la existencia de su misión. Así como Jesús es el hombre de DIOS, es igualmente el hombre de los hombres, el "hombre para los demás". Este profeta, este Maestro, este hombre de Dios era absolutamente accesible. Las multitudes lo siguieron y en los periodos en los que se escapó de ellas se dio enteramente a los apóstoles y discípulos. No alejaba, no bloqueaba, no inhibía. Daba confianza para acercarse en cualquier momento, hasta el punto que su actividad aparece más hecha de interrupciones y de imprevistos que de sus propios planes, los cuales quedaron destrozados por su actitud de total entrega. Esta es la gran paradoja de Jesús porque en este aspecto todos somos algo desequilibrados. Tendemos a hacer del cristianismo algo o marcadamente trascendente (relación con Dios) o encarnado (entrega al hermano) descuidando una u otra dimensión. Él es el Maestro de la síntesis de la contemplación y del compromiso.
            El don de su amistad. Jesús no hizo de su pastoral algo masivo. Trató a todos y a cada uno como una persona única e irrepetible y entregó a todos el prejuicio de su simpatía y amistad. Su amistad protege a los niños, libera a la mujer, y rompiendo los prejuicios de su época se ofrece a los pecadores, a los lisiados, a las prostitutas, a los publícanos, a los recaudadores de impuestos, a los soldados, a los funcionarios, a los pobres y a los esclavos... Al mismo Judas lo trata como un amigo hasta el final: "Amigo, con un beso entregas al hijo del hombre" (Mt 26,50). La acogida fraternal que Jesús ofreció no era ilusa ni ingenua ya que "no se dejaba engañar porque sabía muy bien lo que había dentro de cada hombre" (Jn 2,25). Así y todo se entregó con inagotable caridad.
            La atracción de su mensaje. Esto es de gran significación para la pastoral de hoy y para la fuerza de la evangelización. No basta que el mensaje que entregamos sea verdadero; es necesario que atraiga a la conversión y lleve al seguimiento, como en el caso de Jesús. Resulta asombroso el impacto y la atracción de una palabra que ha perdurado por los siglos, que transformó hombres y sociedades, y que hoy es la fuente inspiradora de millones de seres humanos. Resulta asombroso porque fue pronunciada por el hijo de un carpintero, en forma sencilla, utilizando ejemplos y parábolas. Había algo en su mensaje que hacia decir que nadie antes había hablado como ese hombre. Esta atracción se debía a la adecuación que existía entre su persona, sus hechos y sus palabras. Transparentaba una sinceridad y una lealtad que hacía que su palabra fuera decisiva, para bien o para mal, como aceptación o como repulsa. El anuncio del Reino -la pastoral- por su misma naturaleza tiene una vertiente de critica social, y ello es, para el pastor y para el profeta, fuente de conflictos y malos entendidos. Jesús aceptó y asumió las consecuencias de la conflictividad social de su mensaje. En esto también nos comunica una sabiduría pastoral
            La fidelidad a su misión. Jesús tiene una meta, un ideal, una entrega, y los sigue hasta el fin. Nada lo aparta de su misión, ni los fracasos, ni las incomprensiones, ni la soledad, ni el alejamiento de sus amigos y discípulos, ni la cruz, ni -sobre todo- la tentación que lo acosó a través de su vida pública, de utilizar su poder divino en la realización de su misión. La fidelidad de su misión lo llevó a crisis sobre crisis, hasta culminar en la soledad oscura de la crucifixión. Sólo la luz de la contemplación y el don del Espíritu nos pueden hacer penetrar en esta actitud misteriosa y paradójica, de una entrega fiel hasta la muerte. Esto es esencial en el seguimiento y la entrega de nuestra vida constituye la esencia del apostolado.
            Supo esperar la hora de Dios. Esto es sabiduría y no ciencia pastoral. Fue el Maestro y pedagogo que esperó la madurez de las personas, con respeto, sin usar un poder indebido para convertir y hacer comprender. Aceptó a sus apóstoles en su lentitud, con sus contradicciones y durezas, sin renunciar a su formación y preparación en vistas de un futuro. Nunca juzgó, nunca se impuso; más bien invitó: "Si quieres... si estás dispuesto...” No se aprovechó ni de su liderazgo ni de su poder para forzar el desarrollo normal de las libertades. De ahí la extraño de un Jesús en el que se unen equilibradamente exigencia y comprensión. Por momentos aparece hasta inhumano el ideal propuesto: "El que quiera ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz cada día y me siga... Nadie puede ser mi discípulo si no renuncia a todo lo que posee... Si tu mano te escandaliza, córtatela... Estas y otras exigencias nos enfrentan con una opción radical. Y sin embargo nadie se sintió nunca aplastado y desanimado por estas exigencias. Están de tal forma impregnadas de amor, de confianza, de libertad y del ejemplo de Aquel que las vivió en primer lugar que son una constante invitación al crecimiento y a la superación. El Evangelio nos da la impresión de una comprensión y humanidad de tal calidad que nos libera.
            Jesús aparece como un libre y un pobre olvidado de sí. Por eso es posible que las exigencias evangélicas lleven a la libertad del amor, y a la pobreza del olvido de si mismo. El total y libre abandono de Jesús en las manos del Padre, significadas en la fidelidad de su misión y en su desprendimiento. La aceptación humilde de su historia personal, del lugar y circunstancias de su vida, de los hombres que lo rodearon y lo siguieron. La aceptación de su figura de servidor, del abandono de los demás. Evita la línea del liderazgo fácil, de lo maravilloso, de lo espectacular a pesar de sus milagros, los cuajes procuró que pasaran inadvertidas. La pobreza radical de su misión permitió a Jesús el liberar a los pobres, el comprender la verdadera pobreza y el declararla bienaventurados. El acoger a los pecadores y colmarlos con su misericordia. Él mismo fue un pobre "que vivió las bienaventuranzas, y en la contemplación del Padre aprendió la verdadera sabiduría de Dios.
 
            Los rasgos de aquel que llamamos con razón el Señor y el Maestro no sólo forman parte de su personalidad, sino también de su forma de actuar, de su pastoral. Estos son los rasgos de la persona deberíamos tratar de ser, por la que deberíamos luchar, venciendo nuestras pequeñeces y nuestras esclavitudes, creciendo en nuestra oración y descubriendo así nuestra misión: a qué estamos llamados.
 
Preguntas finales
        ¿Cuáles son los interrogantes que te plantea Jesús?
        ¿Cómo ves el estilo de vida que Jesús te propone?
        ¿De qué manera puedes imitar la sencillez y la humildad de Jesús?
        ¿Qué rasgos de mi persona se parecen más a la persona de Jesús? ¿Pienso como él? ¿Actúo como él?
        ¿Mis sentimientos son como los suyos? ¿Amo como él? ¿Vivo como él?